En uno de sus primeros casos como jueza, María Gavilán se dio de bruces con la realidad. Le tocó un caso de violencia machista y nada, ni la información constante en la televisión sobre violencia de género ni todos sus años de estudio, la habían preparado para algo así. Se tuvo que enfrentar a la degradación más absoluta, a la vulnerabilidad e invisibilidad a la que nos enfrentamos las mujeres, que se acrecenta en caso de que la víctima sea extranjera.

Desde entonces María, feminista convencida, no ha dejado de informarse y trabajar para la defensa de las mujeres víctimas de violencia machista y trata. Durante su intervención habló de los prostíbulos, instituciones que preservan un deseo patriarcal, de la doble discriminación de la mujer prostituida, de Bolivia y de la necesidad de crear políticas públicas más allá del código penal para que pueda haber un cambio real.

Otra realidad es posible, afirmó convencida, pero para ello hay que avanzar más allá de la prevención y centrarnos en la educación y sensibilización, tanto de jueces y magistrados, como de la sociedad en su conjunto.