En nuestro encuentro con Teresa Meana, nos habla del sexismo inherente de todos los idiomas que distinguen entre masculino y femenino. “La invisibilidad se consigue sobre todo a través de ese masculino supuestamente genérico”, declara. En estos casos, el femenino siempre deriva del masculino y nunca es la forma principal, lo cual supone un reflejo de la situación social de hombres y mujeres en la época en que se fijaron estas normas gramaticales.

Por esta razón dichas normas deberían evolucionar y actualizarse conforme lo hace la sociedad. Un ejemplo de ello lo encontramos en 1949 en Costa Rica. Cuando las sufragistas consiguen el voto, se modifica la constitución para agregar la expresión de uno y otro sexo.

Sin embargo, Teresa se muestra partidaria de la utilización del término genérico cuando lo haya. “El castellano tiene muchísimos genéricos reales: profesorado, vecindario, electorado, ciudadanía, pueblo, gente, al igual que hay muchísimos abstractos, como redacción en lugar de redactores”.

Para terminar, nos anima a buscar entre las muchas posibilidades que ofrece el lenguaje:  “solo tenéis que buscar la lupa violeta”.