No nos olviden

Maryam Mustafavi

El encuentro que compartimos el lunes 28 de febrero, como siempre en Cava María, no fue el de un día cualquiera. Para las socias que acudimos a la convocatoria, significó un momento de gran emoción, no sólo por volver a vernos de nuevo -todavía con mascarillas y distancia- sino por el impacto que nos causaron nuestras invitadas. En esa ocasión, compartieron con nosotras algo más que mesa y mantel Maryam Mustafavi, feminista del Movimiento de Mujeres Afganas de Kabul, y la periodista Khadija Aiman, editora y presentadora de la televisión pública de Afganistán.

 “Estamos viviendo una situación en la que la solidaridad se nos multiplica y tenemos que estar a todas”, dijo Cristina Almeida que recordó que en las guerras y todos los conflictos “las mujeres siempre pierden”. “Nuestra solidaridad tiene que llegarles a ellas directamente”, dijo la presidenta y explicó el encuentro como una ocasión para tener “una información veraz y directa” sobre la situación en Afganistán. Al término de la reunión, anunció que El Club de las 25 va a enviar sendas cartas a los ministros del Interior y Asuntos Exteriores y Cooperación para trasladarles las reivindicaciones que nos hicieron nuestras invitadas.

El relato espeluznante y conmovedor que nos hicieron de la situación actual de las mujeres en su país nos dejó con el corazón encogido porque nos reclamaron solidaridad con sus compañeras todavía en el interior del país “como feministas europeas, necesitamos vuestra ayuda”, dijo Maryam. Ella fue una de las mujeres que se cubrieron con una sábana blanca a modo de sudario y plantaron cara a los Talibán en las calles de Kabul con manifestaciones en las que pusieron en riesgo sus vidas y que, desde España, pudimos ver en televisión. Sus hermanas siguen rebelándose y marchando por las calles desafiando a sus verdugos, a pesar de que sus familias son castigadas y golpeadas, mientras que ellas están siendo perseguidas, detenidas, torturadas o asesinadas. Eso nos contó esta mujer valiente que fue asesora de género en el Senado afgano y que explica su fuga para contar al mundo lo que está ocurriendo en su país.

“Los Taliban no han cambiado, son terroristas y asesinos”, dijo Kadhija e insistió en que los gobiernos occidentales no deben negociar con ellos mientras sigan sometiendo a su pueblo a la persecución y la muerte, mientras tengan sometidas a las mujeres sin derechos.

 Las dos agradecieron los esfuerzos y solidaridad de España, que las ha acogido como refugiadas y solicitantes de asilo político, pero recordaron que hay muchas otras que siguen en peligro, tanto dentro de Afganistán como en países limítrofes, a la espera de un visado para poder escapar del horror y, posiblemente, la muerte. Sin muy conscientes de que toda la atención de España se centra ahora en la guerra de Ucrania y la ayuda se enfoca a este país tan cercano. “No nos olviden”, pidió Maryam.

Khadija y Maryam fueron expulsadas de sus respectivos trabajos cuando los Talibán llegaron al poder e impidieron de inmediato su acceso a la televisión y el Senado, respectivamente. Ambas habían luchado por sus derechos durante 20 años con sus padres, familias y tribus para modernizar una sociedad ancestral y profundamente misógina. El abandono de las tropas occidentales y la llegada de los Talibán al poder las devolvieron a las catacumbas y privaron de todos los derechos adquiridos para ser convertidas en meras propiedades de los varones.